O como no renunciar a la última gran aventura de Europa.

Asamblea General Extraordinaria 2024. Carrión de los Condes.
Dice Paolo Caucci en su último libro que…
“No existe un camino de peregrinación sin peregrinos. Esto es algo que es absolutamente necesario recordar, porque un itinerario que es simplemente cultural, por ejemplo: del vino, los castillos, el románico, el barroco, los sabores, los perfumes, las juderías o los paradores-, tiene un significado y necesidades completamente diferentes. En nuestros caminos hay que considerar la presencia constante, atenta, activa, crítica, apasionada y constructiva del peregrino…”
Dicho esto, la complejidad comienza cuando intentamos especificar lo que es un peregrino, aspecto curioso dado que, en general, somos mejores en identificarlo, entre las muchas gentes que van a Santiago, que en definirlo. Quién sabe si por pudor, por falsa modestia o temor a que se nos tache de intransigentes o intolerantes. Tal y como, por otra parte, está sucediendo cada vez con mayor frecuencia.
Y no es esta cuestión baladí porque, si admitimos que el peregrino – aquel por el que nosotros nos constituimos para ayudarle – ha cambiado; que ya no existe y ha mudado en sus formas, también deberíamos, como consecuencia, pensar que nuestros albergues y nosotros mismos, como organizaciones, estamos dejando de ser necesarios y, por tanto, debemos replantearnos nuestro futuro y quién sabe si nuestra existencia.
Sin embargo, no parece que los números así nos lo indiquen. En el Camino Francés, las cifras de Saint Jean Pied de Port, y las de nuestros propios albergues, nos demuestran que hemos conseguido frenar la acusada deriva a la baja de peregrinos y que estos, comparados con los que había en las fechas en las que nos constituimos, son más que nunca.
Es cierto que comienza a ser masiva la afluencia de nuevos caminantes que recorren el Camino hacia Santiago como senderistas, viajeros y turistas sin ni siquiera saber ellos mismos lo que son. Muchos, lo hacen impulsados por el valor personal que los peregrinos otorgan a la experiencia, pero también, otros motivados por las intensas campañas de publicidad y marketing, tanto institucionales como privadas, que promueven innumerables formas de realizar el Camino. Campañas que buscan una legítima fuente de ingresos, pero que moldeando nuestra percepción mental de lo que es un peregrino moderno de forma conscientes. Tan es así, que hemos acabado adoptando sus argumentaciones, no dándonos cuenta que estas atienden a sus necesidades y no a las nuestras.
No nos equivoquemos, son otros los que están provocando, con técnicas muy sofisticadas, que renunciemos a la imagen de lo que es un peregrino y nosotros quienes lo estamos aceptando. Y lo hacen con el uso de herramientas de comunicación, más o menos encubiertas, en las que transforman en sentido común lo que no es, a base de repeticiones del mensaje en los canales adecuados.
Por ejemplo, mientras se afirma que todo el mundo tiene derecho a hacer el Camino de Santiago a su manera (lo cual es cierto), el hecho se presenta mediante imágenes fácilmente reconocibles: las del peregrino con mochila (no sin ella) y solitario (no en grupo) por un camino hermoso. Debemos ser conscientes que, detrás de la propia representación está el truco: un ejército de personas, o incluso simples bots, promoviendo la idea inevitable de aceptar que el Camino es de todos y que por él se puede ir de cualquier manera. Llegando incluso a recriminar a los peregrinos sus quejas, entre otras cosas, por encontrarse personas irrespetuosas o tumultuosas en él.
Si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta que cuando nos constituimos como organizaciones de voluntarios y amigos del Camino, no lo hicimos porque no existiesen mil maneras de llegar a Santiago o de viajar por el mundo; había tantas como hoy en día. Lo hicimos porque creíamos firmemente que el Camino, como camino PEREGRINO, era una experiencia vital transformadora; que muchos habíamos experimentados en nosotros mismos y que debíamos promover en la medida de los posible. Por aquél entonces, no nos importaba si eran muchos o poco los peregrinos, únicamente si eran peregrinos.
Es en este contexto, en el que ha llegado el momento de que hagamos algo con la imagen ficticia que se traslada a esos viajeros a Santiago para que crean que se les puede considerar peregrinos. Una manera de difuminar, incluso en nuestras cabezas, la imagen del auténtico peregrino y con ella la esencia del peregrinaje. Hay que pensar que, aunque solo sea por volumen, esos viajeros y excursionistas acabarán desplazando al peregrino de su territorio natural si nadie trata de evitarlo.
De lo que nadie es consciente en esta deriva es que, si desaparecen los peregrinos, los excursionistas y turistas también se acabarán yendo del Camino.
Luchemos pues, contra la generación de bulos que nosotros mismos hemos contribuido a acrecentar y dejemos de asociarnos mentalmente a quienes los propagan, en muchos de los casos, con intenciones no siempre beneficiosas para ese “camino de todos”.
Hoy, la consigna es que el peregrino ha cambiado y exige otras comodidades. Sin darnos cuenta de que hay a alguien al que este eslogan le va estupendamente para sus intereses.
En concreto, a aquellos que, vendiendo paquetes organizados de una supuesta peregrinación a base de pequeñas caminatas de hotel en hotel, con maletas y vehículo de apoyo, tratan de convertir al viajero en el nuevo peregrino. Vaciar de contenido la palabra peregrino y hacer que en ella quepa todo tipo de personas es fundamental para ellos. Y lo hacen sin que se note, promoviendo la visión de que a todos los que transitan a Santiago se les debe respeto y son peregrinos. Lo primero, sin duda, lo segundo, debemos dudarlo y decirlo.
Confundir diciendo que las motivaciones y maneras de llegar a Santiago son todas igual de respetables forman parte del plan. Respetemos su forma de ganarse la vida, pero no olvidemos que para ellos se trata de eso: de ganarse la vida.
Debemos saber, y estar convencidos de ello, que los mantras de que “los peregrinos ya no son los de antes” y de que “cada uno puede peregrinar como quiera y le apetezca”, no responden a la verdad. Hoy en día, se trata de consignas publicitarias para hacer que vengan un mayor volumen de gente al Camino y para eso es necesario que el concepto de peregrinación se difumine y se universalice.
Viajar a Santiago se puede hacer de muchas maneras, algunas maravillosamente curiosas, pero peregrinar a Santiago es otra cosa. Cada uno puede ir a Santiago como quiera o le apetezca, pero peregrinar, como todo en la vida, tiene una liturgia que cumplir. Los peregrinos lo saben perfectamente.
Luchemos también contra quien nos dicen que el Camino es de todos y, a continuación, promueve, como consecuencia inevitable, que los peregrinos no deberían quejarse si en él cada uno hace lo que quiere, va como quiera y lo utiliza como quiere. Es cierto, es de todos, pero en él, como en muchos otros espacios (museos, lugares de culto, espacios naturales protegidos…) no vale todo.
Afortunadamente, aunque cada vez hay más viajeros que utilizan todo tipo de recursos y servicios para llegar a Santiago, al mismo tiempo, en nuestros albergues, seguimos recibiendo un número nada desdeñable de peregrinos que renuncian a sus maletas o a dormir con todo tipo de comodidades. Lo hacen por sentir, compartir, confraternizar y convivir en este espacio universal y espiritual de encuentro que es el Camino de Santiago y, a escala concreta, los albergues de acogida.
Nosotros defendemos al peregrino. Para el resto: viajeros, senderistas y turistas a Santiago, nuestras bendiciones y respetos, pero que no nos confundan ni confundan.
Nosotros sabemos bien que siguen existiendo peregrinos que llegan al Camino, por la razón que sea, con el firme propósito de que su esfuerzo tiene sentido, que su camino tiene una meta más allá de andar unos kilómetros cada día, que gustan de repensar en lo que hacen mientras sienten que caminar es vivir y vivir es caminar.
Si, nada más ver un peregrino, somos capaces de distinguirlo ¿por qué nos negamos a definirlo y actuamos con vergüenza en su defensa?
No se trata de demonizar a quien, en un momento dado, coge un taxi, envía una mochila por mensajería – o incluso todo el peregrinaje porque sus fuerzas no le permiten cargarla -, o se sube a un autobús en una circunstancia específica. Tampoco se critica a quienes, a lo largo del recorrido, duermen o comen de manera especial en ciertos momentos.
Me refiero, especialmente, a la creciente tendencia de personas que se autodenominan peregrinos, a pesar de optar por paquetes turísticos en los que la esencia del Camino desaparece por completo, encapsulada en un bono de agencia que planifica cada día al detalle. También hablo de aquellos que, sin necesitarlo, envían su mochila, de manera recurrente, por transporte, convirtiendo su recorrido en el de la mochila (son las paradas de esta las que deciden las suyas), o de quienes se acercan al Camino para caminar cuatro días “libres de equipaje” y, tras ello, se marchan de vacaciones.
¿Alguno de nosotros, en un futuro pfróximo, es capaz de imaginarse a los miles de hospitaleros voluntarios, nacionales y extranjeros, acudiendo a ayudar y colaborar en pensiones, hostales y hoteles del Camino a esos “nuevos peregrinos” que nos han convencido que han sustituido a los anteriores?
Tampoco veo a nuestros socios en las sedes, recomendando paquetes turísticos para esos nuevos viajeros a Santiago a lo que llaman peregrinos.
Somos voluntarios del Camino, no personal gratuito al servicio de los intereses de instituciones y privados para fortalecer la economía del territorio. Algo que respetamos y alentamos, pero nuestra esencia es otra: proteger al Camino y cuidar a los peregrinos.
Un CAMINO PEREGRINO en el que todos son bienvenidos, pero para el que no todo vale, y menos que se repudie a sus verdaderos protagonistas esos que, en las palabras del inicio de Paolo, si no existen
“No existirá el camino …”
Si al final del mandato de esta Junta Directiva, a las puertas del próximo Año Santo 2027, hemos logrado, con vuestra ayuda, recuperar el orgullo de ser peregrinos, tal como al principio del mandato defendimos con firmeza el orgullo de ser parte del Camino Francés sin pedir disculpas por ello, el trabajo estará cumplido.
De los que vengan serán las nuevas cuitas.
Miguel
Presidente de Camino Francés Federación















