La Sección Internacional de Amigos del Museo del Prado ha completado este mes en Santiago de Compostela un recorrido por el Camino Francés iniciado en 2022 y que tras cuatro años ha llegado a su culmen. Dirigido por el escritor navarro Juan Ramón Corpas, colaborador habitual del museo y profundo conocedor de la ruta jacobea, el grupo ha dedicado una semana al año a descubrir algunos de los principales paisajes, monumentos y enclaves históricos vinculados al Camino de Santiago.Más allá de las etapas realizadas a pie, el programa se ha caracterizado por una aproximación amplia al fenómeno jacobeo, incorporando visitas a numerosos monasterios y enclaves históricos situados en el entorno del Camino. Gracias al apoyo logístico de un microbús, los participantes pudieron acercarse a lugares tan destacados como San Salvador de Leire, San Millán de la Cogolla, San Pedro de Cardeña, San Miguel de Escalada, Santa María de Gradefes, Santa María de Sandoval, Santiago de Peñalba, Santa María de Carracedo, el monasterio de Samos o Sobrado dos Monxes, entre otros.
Estos espacios permitieron a los viajeros comprender mejor la compleja red espiritual, cultural y patrimonial que durante siglos se ha desarrollado alrededor del Camino de Santiago y que explica buena parte de su relevancia histórica en Europa.
La llegada a Santiago tuvo lugar el pasado 3 de junio. Durante su estancia, los participantes recorrieron la ciudad histórica y visitaron algunos de sus principales monumentos, entre ellos la Catedral de Santiago, el Pórtico de la Gloria, los monasterios de San Paio de Antealtares y San Martín Pinario, así como la iglesia de Santa María Salomé, dedicada a la madre del Apóstol.
El programa continuó con visitas a Padrón, Iria Flavia y Fisterra, donde el grupo pudo contemplar la puesta de sol en el cabo que durante siglos marcó para muchos viajeros el final simbólico de su viaje.
La experiencia concluyó el 5 de junio con la asistencia a la misa del peregrino y la visita a algunos de los lugares más vinculados a los orígenes de Compostela, como el monasterio de Santo Domingo de Bonaval y la iglesia de San Fiz de Solovio.
Tras cuatro años de recorrido, los participantes regresaron a sus países de origen con una visión más profunda del Camino de Santiago, entendiendo la ruta no solo como un itinerario histórico, sino también como un espacio donde se entrelazan patrimonio, espiritualidad, paisaje y encuentro entre culturas.

