En el Camino de Santiago, desde la sociedad civil, siempre ha sido mayor el empuje ejercido en él gracias al voluntarismo que a la planificación. Un aspecto, que ha permitido una manera un tanto anárquica pero osada y libre – y en cierto modo hermosa – de recuperar y hacer crecer la peregrinación actual a la tumba del apóstol.
Tan es así, que estamos seguros de no equivocarnos si decimos que esta es una de las causas por las que el Camino se ha convertido en un espacio singular que peregrinos de todo el mundo experimentan como algo especial en sus vidas.
El renacer moderno del Camino puede situarse en mayo de 1985, cuando en Santiago de Compostela se reunieron curas del Camino y miembros de la sociedad civil decididos a relanzar la peregrinación. Aquella cita coincidía, curiosamente, con la entrada de España en Europa, símbolo de una nueva etapa en la que se dejaban atrás viejas estructuras y legislaciones.
Ambas circunstancias, décadas después, son las que han conformado un espacio jacobeo singular, ejemplo de encuentro y fraternidad por un lado y, a la vez, más sensible a su futuro, y precario en la conservación de sus esencias. Producto de la complejidad que ha ido adquiriendo nuestra sociedad en normativa, regulación, leyes y reglamentos que, junto al dinero, suele llegar de Europa.
Buena parte de lo que decimos se puede comprobar ahora, de manera certera, en el magnífico Centro de Documentación Digital (www.camiNet.org) que bajo el impulso de Camino Francés Federación, y la generosa participación de la Junta de Castilla y León a través de su consejería de Cultura, Turismo y Deporte, se ha puesto en marcha en Carrión de los Condes. Un espacio de acceso libre y gratuito en la nube, donde se puede visualizar y estudiar el más importante conjunto de documentos contemporáneos del Camino. En especial los relacionado con el trabajo de Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago.
Al estudiar estos documentos, se aprecia cómo muchas de las acciones que dieron forma al Camino moderno nacieron de apenas unos cuantos folios con ideas a modo de guion.
A partir de ellos, el trabajo se articuló sobre el compromiso de todos por cumplir lo acordado en reuniones y encuentros. Fue ese respeto a la palabra dada, más que a los documentos, lo que permitió que la peregrinación prosperase y se consolidara.
Podríamos decir pues, que el proceso se basó, por encima de todo, en LA PALABRA. La palabra dada, aceptada y respetada fue el lazo que unió a todos y la fuerza que hizo avanzar los proyectos. Fue sobre el respeto mutuo entre las asociaciones como se edificó buena parte de la peregrinación actual.
Pero la palabra, además de ser un compromiso entre personas, encierra algo más profundo: la trascendencia y el peso de su significado.
Aspecto que, lamentablemente, en tiempos tan confusos como los que vivimos, comienza a ser preocupante, dado el intento permanente de vaciarla de contenido.
El pensador Rob Riemen lo expresa con claridad:
“La única manera de acercarnos a lo sagrado es recuperando el significado de las palabras. Algo difícil en una sociedad que las ha vaciado de contenido para que no signifiquen nada”.
En la comunidad jacobea —esa gran ciudad ambulante formada por quienes caminan cada año y quienes los acogen— todos entendemos que no es lo mismo viajar que peregrinar, ser turista que peregrino, o ir en coche que caminar.
Aspectos: andar, peregrinar, peregrinar que juntos – los peregrinos lo saben bien – acercan a lo sagrado o espiritual. Y, en este sentido, deberíamos recordar que, aunque pueda parecerlo, tampoco es lo mismo hospitalidad que acogida.
La palabra dada… y la palabra vaciada
Viene todo esto a cuento por lo sucedido con el primer intento de reconocer y proteger la Acogida Tradicional Jacobea como Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial.
Un proceso que, en el fondo, ha girado también en torno a la palabra.
Por un lado, la palabra dada y no respetada.
Y por otro, la palabra vaciada de significado que permite confundir y considerar igual lo que no lo es.
En este procedimiento se ha podido comprobar cómo las viejas maneras, casi tradicionales, de encontrarse y respetarse de las asociaciones se vinieron abajo cuando, quienes, de forma reiterada, dijeron una y otra vez en reuniones internas, congresos y mesas que apoyaban el proceso iniciado de la protección (Federación Española y Xacobeo) en el último momento se alinearon para poner las alegaciones que lo paralizaron y lo hicieron decaer. Sin buscar, durante casi un año de procedimiento, ni diálogo, ni consenso.
La Federación Española dijo sí a llevar el proceso adelante en la reunión inicial en el Ministerio, lo asumió en el Congreso de Orense y lo refrendó con su firma en el manifiesto de Astorga, entre otros actos.
(1.- Cronología del expediente de reconocimiento de la Acogida Tradicional Jacobea PDF)
Algo inédito y difícil de explicar, que solo puede entenderse como la voluntad de afirmar que solo la Federación Española puede representar las iniciativas jacobeas.
Ha sido, de esta manea, en los casi dos años transcurridos desde el inicio del expediente, cómo hemos comprobado que los que antes dijeron digo ahora dicen diego.
De tal manera que, cuando estábamos a punto de lograr un hito histórico en la protección de una forma ancestral de atención al peregrino —la Acogida Tradicional Jacobea—, hemos tenido que volver a empezar.
En el pasado, nunca se actuó así. Las asociaciones jacobeas se respetaban, apoyaban y ayudaban en sus cuitas, trabajos e iniciativas y respetaban la palabra dada.
Y, por otra parte, estas alegaciones se han apoyado, de manera llamativa, precisamente en el significado de las palabras.
Una disquisición que no hubiese sido posible, si no fuera por esa dejación de la sociedad actual de no darle importancia al significado de lo que se dice.
Sobre ello escribió George Steiner, en su libro Lenguaje y silencio. Ensayos sobre la literatura, el lenguaje y lo inhumano:
“Hemos perdido la capacidad de hablar con palabras que tengan sentido y significado; están vacías. Vivimos en la era del talk show”.
Toda esta reflexión encaja de lleno con lo ocurrido con la protección oficial a la Acogida Tradicional Jacobea y la confusión para algunos entre «hospitalidad» y «acogida».
Cuando las palabras se vacían, todo se vuelve confuso, y conceptos tan hondos como hospitalidad, acogida o tradición se tergiversan o se usan indistintamente, perdiendo su peso real. Y así, lo que durante décadas fue una práctica viva y respetada por todos, se ha visto envuelta en debates que poco tienen que ver con su esencia y pervivencia.
La decisión, en cuanto a la denominación, además de contar con la recomendación de los propios expertos del Ministerio, respondía a fundamentos prácticos difíciles de rebatir.
No es la hospitalidad jacobea lo que está en riesgo hoy.
La hospitalidad es un concepto, un Valor humano, universal, que no depende de leyes ni de épocas. Mientras existan personas dispuestas a ofrecer un vaso de agua, una ducha o un descanso al viajero, habrá hospitalidad jacobea.
¿Alguien duda de que eso deje de ocurrir algún día?
La hospitalidad forma parte de la esencia del ser humano. Ha estado presente en todas las culturas y religiones desde los orígenes, y su futuro irá siempre unido al de la propia humanidad. Mientras exista una, existirá la otra.
Algo muy distinto, sin embargo, es la necesidad de proteger una manifestación concreta de esa hospitalidad: la Acogida Tradicional Jacobea. Que, en nuestro país, como consecuencia de la compleja legislación actual, siempre cambiante, peligra sobremanera.
Una Acogida Tradicional Jacobea que es la que se realiza en los albergues sin ánimo de lucro, por voluntarios y con donativos libre o aportación compensatorias de gastos. Una forma singular de atender a un viajero singular (el peregrino) en un espacio singular (el Camino) que la normativa actual de una sociedad moderna amenaza con su extinción. La misma que hace que no importe el número de peregrinos para estar abierto o no. Sea invierno o verano o un camino de muchos peregrinos o de unos pocos.
Para proteger y legislar sobre algo, hay que definirlo, acotarlo, identificarlo. Solo reconociendo legalmente su especificidad podrá protegerse de verdad. Esto es lo que se está intentando: una protección universal y para todo el país, donde esta forma de atender al peregrino, tan antigua como el camino, nos perdure. El legado, hasta el momento, lo tenemos sobre la mesa, es nuestra responsabilidad que no desparezca en nuestro tiempo. La hospitalidad perdurará se legisle como se legisle, la acogida, según en qué casos, puede perderse para siempre.
¿Y para el resto de maneras públicas y privadas de atender a los peregrinos qué? Para todos ellos, no lo olvidemos, ya existe legislación que los regula y, en su caso, protege.
Por fortuna, no todo está perdido, gracias a la inestimable ayuda de la comunidad autónoma Navarra, el apoyo de la Junta de Castilla y León y la disposición del Ministerio de Cultura se ha relanzado el proceso a pesar de las alegaciones anteriores en contra.
(ver alegaciones y respuesta)
Siempre que el resultado final sea la protección de una forma singular de atender al peregrino —columna vertebral, a lo largo de los siglos, de la pervivencia de la peregrinación—,
nos encontrarán ahí: leales y fieles a la palabra dada.
Materiales de consulta:
ALEGACIONES DE LA AXENCIA DE TURISMO DE GALICIA A LA RESOLUCIÓN DE 26 DE DICIEMBRE DE 2023 PDF
RESPUESTA A LAS ALEGACIONES E INFORMES
INFORME COMITÉ DE EXPERTOS sobre Acogida ED DEF. 29 IX 2024

